REFLEXIÓN DIARÍA

MARZO 13

APRENDER A ESCUCHAR


Jorge y su hija pequeña Mati fueron a dar un paseo al parque de atracciones. En el camino se detuvieron a darse una comilona.

Una vez en el parque de atracciones se acercaron a un puesto de perritos calientes y Mati dijo:

- “Papi, quiero...”. Jorge le interrumpió y le atiborró de palomitas.


Al llegar al puesto de los helados Mati volvió a gritar:


- “Papi, quiero...”. Jorge le volvió a interrumpir... pero esta vez dijo:

- “¡Quiero, quiero!”

- "Ya sé lo que quieres, ¿un helado?"

- "No, papi", suplicó. "Quiero... vomitar"

Osho


Tomado de:
http://cuentosqueyocuento.blogspot.com/









MARZO 10
PROYECTO DE VIDA

Érase una vez una niña llamada Vanessa  de 13 años que desde chica soñaba con ser chef, conocer a Buddy Valastro un famoso pastelero que vivia en Hoboken, Nueva Jersey y tener su propio restaurante. Esta es su historia: Al empezar la preparatoria ella cumplió 15 años y como regalo de cumpleaños ella quería viajar a Estados Unidos para conocer a Buddy ya que era su mayor admiración en aquel tiempo. Y sus padres como la querían mucho accedieron a mandarla de viaje, y es ahí cuando un 17 de Julio (un día después de su cumpleaños) llega a la pastelería Carlo's en Hoboken Nueva Jersey y quería hablar con Buddy para pedir que le hiciera un pastel muy especial por sus quince años. Vanessa esperaba muy ansiosa conocerlo, en lo que el llega y se sientan a hablar. Ella le cuenta como quiere que haga su pastel y si le puede ayudar.... después de unos minutos hablando sobre su pastel él le pregunta a Vanessa: -¿Que quieres ser de grande?- Y ella responde: -Chef, quisiera estudiar gastronomía. Es lo que más me gusta y mis maestros siempre me dijeron que si iba a trabajar que sea algo que me gusta si no, mi trabajo sería algo aburrido para mi.- -Si, y tus maestros tienen mucha razón. La verdad yo no pensaba ser pastelero pero por los problemas que había en mi casa como que mi papa tenía cáncer y murió me vi obligado a salir de la escuela para ayudar a mi familia y trabajar en la pastelería. Ahora mírame, soy un famoso pastelero de un pueblito de Nueva Jersey, tengo mis propios programas de televisión (3) y además gano muy bien como para mantener a mi familia feliz.-  -Ojala yo tenga la misma suerte que tu- Dijo Vanessa. -Claro que puedes tener la misma suerte que yo si confías mucho en lo que quieres ser y nunca pierdes las esperanzas. Además esto de ser famoso hace que más gente me hable y ahora tengo muchos contactos que en cualquier situación en la que necesites ayuda solo háblame. ¿Ok? Y yo te ayudare.- Vanessa muy contenta le dijo que si, y le dio las gracias por su apoyo. Días después ella regreso a la pastelería Carlo's  a recoger el pastel que le había pedido a Buddy. Y era momento de regresar a México. Ya habían pasado tres años y Vanessa había terminado la preparatoria, ahora era momento de empezar a estudiar una carrera así  que como les había dicho ella decidió estudiar gastronomía. Después de cuatro largos años de estudiar gastronomía ella decidió ir a aprender un poco más y se fue de nuevo a Estados Unidos para que Buddy Valastro la apoyara para ser una gran chef, muy talentosa, famosa y por supuesto una chef muy reconocida. A ella le conmovió mucho que las personas discapacitadas como el padre de Buddy ya no pudieran trabajar ni ser aceptadas por creer que tienen menor capacidad de hacer las cosas. Asi que años más tarde Vanessa decide poner un restaurante con la ayuda económica de Buddy, y así ayudar a las personas discapacidad a conseguir trabajos y no sentirse inútiles e impotentes al no poder hacer nada por ellos y sus familias.

Tomado de:https://elfuturoennuestrasmanos.fundacionmapfre.org/es/cuento-primera-edicion/8346/proyecto-de-vida/


MARZO 9
DEPENDE DE LA FORMA

Un sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mando llamar a un sabio para que interpretara su sueño.

- ¡Que desgracia, Mi Señor! -exclamo el sabio-, cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.

- ¡Que insolencia! -grito el sultán enfurecido-, ¡cómo te atreves a decirme semejante cosa!  ¡Fuera de aquí!

Llamo a su guardia y ordeno que le dieran al sabio cien latigazos.

Más tarde, el sultán dispuso que le trajesen a otro sabio y le conto lo que había sonado. Este, después de escuchar al sultán con atención, le dijo:

- ¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes.

Se ilumino el semblante del sultán con una gran sonrisa y ordeno que le dieran al sabio cien monedas de oro.

Cuando este salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

- ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo porque al primero le pago con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

- Recuerda bien, amigo mío -respondió el segundo sabio- que todo depende de la forma en el decir... uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse.

De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, no cabe duda, más la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.



La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.


MARZO 7 y 8


SIMBO Y EL REY HABLADOR

Erase una vez un bonito camaleón que vivía en una isla del Pacífico.
La piel del animal cambiaba de color según el lugar donde se encontrara: si estaba en lo alto de una rama, era de color marrón; si descansaba entre las hojas de un árbol, se convertía en verde; si para cazar se subía encima de una piedra, su color era idéntico al de la piedra, y así podía engañar a los insectos que se posaban muy cerca de él convirtiéndolos en su comida.
Solamente con buena vista y mucha observación, alguien podía descubrir por dónde andaba el camaleón. Desde pequeño, sus padres se dieron cuenta de que no era como los demás camaleones porque, cada vez que iba de un sitio a otro no solo cambiaba su color, sino que se quedaba inmóvil “escuchando”, según decía, cada rama, cada hoja, cada piedra…
Al parecer le contaban cosas muy interesantes que nadie más que él podía oír. Por esta razón le pusieron de nombre Simbo, el mismo nombre que llevó uno de sus antepasados, del que parecía haber heredado esta cualidad. Con el paso del tiempo, Simbo fue un experto conocedor de la isla, sabía la historia de cada lugar y conocía los problemas de todos y cada uno de sus habitantes.
La fama de Simbo, el sabio camaleón, llegó más allá de la isla, hasta oídos de un rey que reinaba en otra isla del Pacífico, el cual le mandó llamar a su presencia. Un buen día en que Simbo escuchaba los problemas de un viejo tronco de una palmera, oyó una voz que le llamaba y bajó del árbol para averiguar quién le buscaba.
—¿Eres tú Simbo, el camaleón que sabe escuchar? -le preguntó un joven.
—Sí, yo soy, ¿qué quieres?, ¿para qué me buscas? -le contestó Simbo.
—El Rey Hablador me ha mandado buscarte porque necesita tu ayuda.
—¿Y qué quiere el Rey Hablador?
—Me pide que te lleve a su presencia porque tiene un problema y tú puedes ayudarle.
Simbo aceptó seguir al joven. Subieron a una barca que estaba en la playa, y partieron hacia la isla donde estaba su rey. Al llegar a tierra Simbo le siguió hasta el palacio. Cuando Simbo pisó el suelo del salón del trono, su piel se puso a veces blanca y a veces negra, pues esos eran los colores de las baldosas del suelo, parecidos a un tablero de ajedrez.
El rey preguntó a su sirviente:
—¿Dónde está el sabio camaleón? ¿Acaso no has podido convencerle para que viniera contigo?
—Majestad, el camaleón ha venido conmigo hasta el palacio, pero su piel tiene ahora los mismos colores que las baldosas del suelo y por eso es difícil verle.
—Pues pídele que se acerque más para que pueda hablar con él.
El sirviente pidió al camaleón que le siguiera y su piel entonces se puso roja, como la alfombra que llegaba hasta el trono. Ahora, como estaba más cerca, el rey vio sus ojos saltones y le dijo:
—Bienvenido a esta isla, Simbo, espero que me ayudes a resolver un problema importante que tengo. Tu fama de sabio ha llegado hasta mi reino, por eso te ruego que aceptes mi invitación para quedarte unos días en palacio.
—Majestad, gracias por su confianza, espero poder ayudarle, pero dígame qué le sucede.
—No sé lo que me pasa exactamente, me siento triste y desilusionado. Tampoco mis súbditos están contentos, y no sé por qué. Yo dicto leyes que les favorecen a todos, bajo los impuestos, los ayudo para que tengan buenas cosechas y, sin embargo, no están felices. Yo tengo grandes conocimientos, mi biblioteca es la más grande que existe en todas las islas del Pacífico, pero pocas personas aprecian todo lo que sé. Tengo la esperanza de que tú puedas averiguar lo que me pasa.
A Simbo le dio pena el Rey Hablador, porque se le notaba muy triste y preocupado, y entonces le dijo:
—Perdonadme, Majestad, si no le importa, me gustaría estar cerca de su corazón, así podría escucharle y averiguar lo que le pasa.
El Rey Hablador era un poco orgulloso y no le pareció muy adecuado coger en brazos al camaleón, pero como estaba deseando la ayuda de Simbo, le dijo:
—Está bien. Mandó a sus sirvientes y pajes que abandonaran la sala del trono y cogió a Simbo en brazos. Simbo, entonces, se puso verde como el color de la túnica del rey y escuchó a su corazón que le decía:
«Soy el corazón del Rey Hablador y te pido, Simbo, que le enseñes a escucharme, pues el rey solo hace caso a su cabeza. Se pasa todo el día hablando, leyendo y discutiendo para demostrar a los demás todo lo que sabe, pero no quiere escuchar lo que yo siento. Tampoco escucha a sus súbditos, por eso no sabe lo que verdaderamente necesitan».
Simbo se dio cuenta de cuál era el problema del Rey Hablador, se puso en su lugar y sintió su soledad, no hacía caso a sus sentimientos, por eso estaba triste sin saber por qué. Creía equivocadamente que, si deslumbraba a los demás con sus conocimientos, sería un rey más querido.
—Rey Hablador -le dijo Simbo-, su corazón está triste porque no le escucha lo suficiente. Presta demasiada atención a su cabeza, intenta deslumbrar a los demás con sus conocimientos y cree que la sabiduría consiste en saber muchas cosas, pero está equivocado.
El Rey le escuchaba con atención y le preguntó:
— ¿Y qué puedo hacer para cambiar la situación?
—Pienso que debería prestar más atención a sus sentimientos, hablar menos y escuchar más. También deberá escuchar a los habitantes de su isla. Ellos podrán contarle lo que verdaderamente necesitan, y usted podrá ser mejor rey.
El Rey Hablador se quedó muy pensativo durante un rato y luego le dijo:
—A partir de hoy haré lo que me dices, Simbo, pero además te nombro mi consejero. Creo que tu presencia será muy beneficiosa para mí y para toda la isla.
Simbo aceptó el cargo. Era el primer camaleón que conseguía tal honor, y se sintió muy satisfecho, tanto él como toda su familia. Con el tiempo, la gente dejó de llamarle el Rey Hablador y le llamaban simplemente el Rey, porque había aprendido a escuchar a su corazón y también había conseguido llegar al corazón de todos los habitantes de su reino.
Fin
Cuentos para sentir: 2 Educar los sentimientos Ediciones SM, 2003, Madrid
Cuento perteneciente al Proyecto Cuentos para Crecer. 


Tomado de : http://www.encuentos.com/

MARZO 5 Y 6 


HABLAR DEMASIADO



Cierta mañana, mi padre me invito a dar un paseo por el bosque y acepte con placer. Él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me pregunto:



- Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?



Agudice mis oídos y algunos segundos después respondí:



- Estoy escuchando el ruido de una carroza.



- Eso es -dijo mi Padre-. Es una carroza vacía.



- ¿Como sabes que es una carroza vacía, si aún no la vemos?



- Es muy fácil saber cuándo una carroza está vacía, por causa del ruido. Cuanto más vacía la carroza, mayor es el ruido que hace.



Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todo el mundo, inoportuna, presumiendo de lo que tiene (y lo más seguro no tiene nada), de sentirse prepotente y haciendo menos a la gente, tengo la impresión de oír a voz de mi padre diciendo:



"Cuanto más vacía la carroza, mayor es el ruido que hace" .



MARZO 4 DE 2015

El semáforo se puso amarillo justo cuando Él iba a cruzar en su automóvil y, como era de esperar, hizo lo correcto: se detuvo en la línea de paso para los peatones, a pesar de que podría haber rebasado la luz roja, acelerando a través de la intersección.
La mujer que estaba en el automóvil detrás de él estaba furiosa. Le tocó la bocina por un largo rato e hizo comentarios negativos en alta voz, ya que por culpa suya no pudo avanzar a través de la intersección y para colmo, se le cayó el celular y se le regó el maquillaje.
En medio de su pataleta, oyó que alguien le tocaba el cristal del lado. Allí, parado junto a ella, estaba un policía mirándola muy seriamente. El oficial le ordenó salir de su coche con las manos arriba, y la llevó a la comisaría donde la revisaron de arriba abajo, le tomaron fotos, las huellas dactilares y la pusieron en una celda.
Después de un par de horas, un policía se acercó a la celda y abrió la puerta. La señora fue escoltada hasta el mostrador, donde el agente que la detuvo estaba esperando con sus objetos personales:
- ¡Señora!, lamento mucho este error, le explicó el policía. Cuando la mandé a bajar mientras usted se encontraba tocando bocina fuertemente, queriendo pasarle por encima al automóvil del frente, maldiciendo, gritando improperios y diciendo palabras soeces. Mientras la observaba, me percaté que de su retrovisor cuelga un Rosario, su carro tiene una calcomanía que dice ¡Jesús es mi compañero! , su tablilla tiene un borde que dice ¡Ama a tu prójimo!, en otro lado leí ¡Sígueme el domingo a la Iglesia! y, finalmente, el emblema cristiano del pez. Como es de esperarse, supuse que el auto era robado!!!.
Esta simpática historia muestra la importancia de ser coherentes entre lo que creemos y lo que hacemos. No basta con ir a Misa los domingos, leer la Biblia de vez en cuando, enviar a los amigos escritos con temas religiosos o de valores, rezar, o decir ¡yo creo en Dios!,  Creer en Dios es un estilo de vida: el estilo de vida de Jesús!! 

Así que a cualquier lugar donde vallas o donde estés, si  piensas que nadie te conoce, recuerda que el mundo te está mirando y lo mas reconfortante, es que ellos vean a Jesús en ti .


Autor: Anónimo

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